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Día D

Sábado día 30 de Abril a las 20:00 en Xirivella (Valencia), hora Zulú
La última semana ha sido una locura y apenas he tenido tiempo de preparar nada. El vuelo sale mañana por la mañana, tengo la maleta sin hacer y el billete de AVE sin imprimir a una hora de que el tren salga de la estación. Después de comprobar que los locutorios están extinguidos y que en algunos comercios tienen impresoras tan “modernas” que ni ellos saben utilizar, termino imprimiendo el billete en una tienda de muebles de baño gracias a la amabilidad del propietario. Hago la maleta lo más rápido que puedo y subo al AVE 5 minutos antes de su salida. Aún no he salido de Valencia y la cosa ya se ha puesto interesante.

Domingo día 1, Madrid
Después de pasar la noche en un hostal cerca del aeropuerto llamado Hostal Aeropuerto… cojo un taxi hacia la T4 de Barajas y me pido un desayuno de esos del McDonald’s. Opto por pagar con tarjeta en una de esas máquinas en las que puedes hacer tu pedido sin necesidad de que te atienda una persona de carne y hueso a la que le pagan un sueldo todos los meses. Calculo mal el tiempo y termino corriendo por la terminal para entrar en las puertas de embarque 5 minutos antes de que se cierren (sí, otra vez 5 minutos antes).

Cuando bajo del avión ya en Marrakech, siento una gran sensación de libertad, como si el mundo fuera una especie de campo de juego. Puedo ir donde quiera. La sensación termina cuando al ir a cambiar dinero, me doy cuenta de que mi tarjeta de débito está en una máquina de autoservicio de McDonald’s en la T4 de Barajas. Por suerte puedo cancelar rápidamente la tarjeta extraviada y aún dispongo de la tarjeta de crédito para mis gastos. El viaje empieza con un sabor agridulce e intento olvidar que cada operación que haga va a ir acompañada de una comisión algo dolorosa.

Ya he recogido el coche de alquiler y voy siguiendo a un señor de unos 70 años cuyo pilotaje de Vespino supera con creces al de cualquier niño de 15 años en la España de los 80 – 90. Este señor se ha ofrecido amablemente a guiarme para salir de la ciudad y poner rumbo hacia mi próximo destino: la ciudad de Ouarzazate. Mientras le sigo por las avenidas de Marrakech, esquivando de todo y mientras nos esquivan a nosotros también, caigo en la cuenta de que tanta amabilidad la voy a tener que pagar. Llegamos a un cruce y me hace señas para que pare, bajo del coche preparado para mi primera negociación y le ofrezco 50 MAD (el equivalente a unos 5 €), una cifra que considero justa. Me dice que quiere Euros y la situación me viene bien para quitarme toda la calderilla que no he podido cambiar en el aeropuerto. Mis ansias de deshacerme de ese peso extra y la insistencia del señor consiguen que al final acabe dándole 10 € (y aún quería más, tuve que decirle 7 veces que no). Más de lo que tenía pensado, pero la verdad es que me ha sacado de un apuro y he aprendido un poco como funciona la circulación aquí. Así que al final no ha estado del todo mal el trato. Sin embargo reconozco que es el primer fracaso en cuanto a regateo se refiere.

Siguiendo las indicaciones de este hombre tomo la N9 en dirección a Ouarzazate. Me siento como un niño al que han quitado las ruedas de aprender a montar en bici.

marrakech-ouarzazate

Los paisajes son increíbles, primero recorro una zona de desértica para después atravesar un puerto de montaña infinito y con mucha más vegetación, en el que paro a tomar un té a mitad de camino. Tras unos 80 kilómetros de puertos de montaña un hombre en el arcén con el capó levantado me hace señas de que pare. Espero a que mi sentido común funcione como lo suele hacer el de muchas personas que conozco (la gran mayoría) y busco esa razón para no parar, pero estoy aburrido y sé (o creo) que tengo la situación controlada, así que paro y con la misma normalidad que lo habría hecho en mi país y pregunto a este hombre qué necesita. Me dice que se le ha estropeado el coche y necesita que lleve a su hermano a Ouarzazate, un hombre de unos 50 años de aspecto afable del que luego sabré que su nombre es Mohamed. Accedo a llevarlo y el hombre se muestra muy agradecido, va vestido con un kaftan y no habla demasiado, lo típico de si soy de Madrid o de Barcelona. Siempre les decepciono.

En un país en el que el autostop está a la orden del día, estoy seguro de que el coche del hermano de Mohamed funcionaba perfectamente, sin embargo aprovecho la situación para preguntarle cómo funciona el tráfico y la policía en Marruecos. Me avisa de dos radares que de no ser por él me habrían cazado y me ofrece tomar un té con su familia después de indicarme como llegar a mi hotel y dejar el equipaje. Vuelvo a pensar que es amabilidad y agradecimiento por el viaje, aunque lo pienso mejor y sé que me va a intentar vender algo, aún así, no me importa y dejo todo el dinero en el Hotel, menos 200 MAD (20 €) que puede que necesite. Llegamos a su supuesta casa y nos recibe un hombre que dice que es su padre, o su tío, ya ni me acuerdo. El té con su familia se resume a una sala llena de alfombras, (bastante bonita) en la que su tío/padre nos trae el té y se va. Tengo una interesante conversación con Mohamed sobre religión y la relación entre nuestros respectivos países. Tras esto saca un montón de fotos que deja sobre la mesa y se ofrece a mostrarme unas cuantas alfombras. Saca unas siete alfombras, con detalles en seda y piel bastante impresionantes. Por educación le pregunto el precio, y cuando ve la cara que pongo, directamente ni regatea. Guarda las alfombras y las fotos que había sacado, de las que solo pude ver la primera del montón: el desierto. Llega el tío/padre/socio de Mohamed y me encuentro en el sofá principal con los respectivos sentados en otros dos sofás, uno a cada lado de mí. -Drink tea -me dice Mohamed.

Me bebo el té y le pregunto por un sitio para cenar, y para no dejar al pobre Mohamed con las manos vacías, tambien pregunto por un sitio para comprar aceite de argán (que por lo visto allí es el producto estrella) porque sé que donde lo compre se va a llevar comisión y así de paso le compro algo a mi madre. Me lleva a una oscura calle (es por la noche) en la que un borracho manchado de tierra se tambalea y vaya casualidad que entra justo donde vamos a entrar nosotros. Una vez dentro de la tienda el borracho no está y nos atiende un amigo de Mohamed al que después de un breve regateo le compro el aceite de argán por 100 MAD. Sé que he pagado de más pero solo quiero ir a cenar. Mohamed me lleva a un bonito sitio en frente de la Kasbah Taourirt donde se despide y debido al cansancio solo puedo cenar la mitad de lo que me ponen. Me oriento como puedo por la ciudad recordando las indicaciones de Mohamed y llego al hotel donde cuento el dinero y me tiro en la cama para intentar dormir con un calor bastante agobiante.

No ha estado mal para ser el primer día, si mañana todo sale bien estaré frente al desierto.

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